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Desde el Bachillerato estudió en Badajoz a donde su padre había sido trasladado formando parte del Cuerpo Técnico de Correos. De clara vocación docente –ejercida en San Vicente de Alcántara, Granja de Torrehermosa, Santa Marta y Badajoz, donde se jubiló-, su labor fue reconocida con la concesión de la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, otorgada por el Ministerio de Educación y Ciencia a los pedagogos insignes. En este sentido, está considerado como uno de los maestros pioneros en lo que hoy se llaman actividades extraescolares, dado que realizaba con sus alumnos trabajos de campo para el estudio de la flora, la fauna y la minerología del entorno, excursiones pedagógicas a los yacimientos arqueológicos y lugares históricos próximos a la localidad o daba gratuitamente clases complementarias de redacción, administración, contabilidad, etc. a los escolares que no iban a acceder a estudios superiores. Igualmente (en colaboración con las autoridades locales y los padres de los alumnos) organizaba festividades como el Día del Árbol o del Libro, así como campañas de lectura y, por supuesto, de alfabetización de adultos, labor esta que también fue premiada desde Madrid. Por otro lado, formó parte de la primera comisión de maestros que desde el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Extremadura, impulsó la Semana de Extremadura en la Escuela, enseguida consolidada en la Comunidad Autónoma extremeña. Su preocupación por el bienestar social de los desfavorecidos, muy especialmente por la precaria economía campesina de los años 50, lo llevó a fundar con unos cuantos santamartenses la próspera cooperativa agrícola “Santa Marta Virgen”, en la que alternó los cargos electos de Secretario y Tesorero. Fue precisamente su sensibilidad literaria la que concibió para los vinos santamartenses la rotunda denominación de Blasón del Turra, a fin de que el pequeño campesino (denominado “turra” en esta zona) sintiera el vino –fruto de una honesta labor- como su orgullo, su “blasón”. Una vez trasladado a Badajoz, en donde desde su juventud estaba considerado como uno de los reconocidos intelectuales de la región, fue encomendado para la creación y dirección del periódico del Magisterio que él mismo denominó Faraute, formando parte además de la Junta Directiva de la Económica de Amigos del País de Badajoz (activa desde 1.816) y de la Institución Cultural Pedro de Valencia de la Diputación Provincial. Como escritor, Fernando Pérez Marqués sintió predilección por el cuadro, el apunte, el género breve que constituyen los artículos literarios, de los que se han documentado cerca de cuatrocientos en publicaciones periódicas de las que fue colaborador habitual, como los diarios extremeños HOY y Extremadura, el ABC de Madrid o las revistas de creación e investigación Almirar, Nuevo Alor, Alor Novísimo y la prestigiosa Revista de Estudios Extremeños de la Diputación de Badajoz, de la que fue secretario hasta su muerte. Su labor de periodismo literario fue reconocida con importantes galardones como el Premio Nacional de Periodismo, otorgado en Madrid el Día del Libro de 1.969, por la Dirección General de Archivos y Bibliotecas. No obstante su preferencia por el artículo literario Fernando Pérez Marqués publicó varios libros, predominantemente ensayos históricos y literarios, como De Extremadura. Cuatro esquinas de atención, Badajoz, Institución Cultural Pedro de Valencia, Diputación de Badajoz, 1.980; El Alcornoque y el corcho, Badajoz, Instituto de Ciencias de la Educación, Universidad de Extremadura, 1.982, en colaboración con su hija Mª Celestina Pérez González, (reeditado por la Asociación cultural “Vicente Rollano”, San Vicente de Alcántara, Badajoz, 1.996); Espejo Literario de Extremadura, Badajoz, Diputación Provincial, 1.991; Reflejos de la memoria 1.850- 1.934. Imágenes de Extremadura, selección de textos de Fernando Pérez Marqués, introducción de Fernando Sánchez Marroyo y Matilde Muro Castillo, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1.992. Le sorprendió la muerte cuando preparaba dos libros, Apuntes para la historia de Santa Marta y Con cien ojos al Guadiana, trabajo este que le fuera encargado por la Confederación Hidrográfica del Guadiana y que concluyera en su memoria Isabel Mª Pérez González, su hija. Con carácter póstumo la Caja de Ahorros de Badajoz publicó Postales de Andar Extremeño (Badajoz, 1.995), colección de artículos de viaje por diferentes localidades extremeñas que, bajo ese mismo título genérico, Fernando Pérez Marqués había publicado entre 1.969 y 1.987 .
Ingresó en el servicio como cadete de Infantería el 30 de Agosto de 1.879 y obtuvo el empleo de alférez de dicha arma en Julio de 1.883. Ascendió a teniente en Septiembre de 1.887, a capitán en Enero de 1.896, a comandante en Octubre de dicho año, a teniente coronel en Mayo de 1.908, a coronel en Abril de 1.915 y a General en Octubre de 1.919.Sirvió de subalterno en los regimientos de Covadonga, Granada y Castilla y batallón depósito de Mérida, habiendo asistido en el año 1.885 al curso de la Escuela Central de Tiro; en Cuba, en el primer batallón de regimiento de Tarragona y en la guerrilla del segundo batallón de dicho cuerpo; de capitán, en Exploradores de Alfonso XIII y en el primer batallón de regimiento de María Cristina; de comandante, en dicho regimiento, y de en la reserva de Zafra; de Teniente Coronel, en el regimiento de Castilla, del mando del cual estuvo encargado, accidentalmente, en diferentes ocasiones. Desde Julio de 1.915 ejerció el cargo de Jefe de zona de reclutamiento de Badajoz. Desempeño diferentes comisiones del servicio, entre ellas, la de Vicepresidente de la Comisión mixta de reclutamiento de Badajoz, desde el 13 de Julio hasta finales de Noviembre de 1.917. Tomó parte en la segunda campaña de Cuba, de teniente, capitán y comandante (tres años y siete meses) habiendo alcanzado por los méritos en ellas contraído las recompensas siguientes:
El hecho más brillante de su carrera militar tuvo lugar en sitio de Cascorro (Cuba), poblado que defendió al mando de 170 hombres del Batallón de Mª Cristina, ayudados por el vecindario. Desde allí logró llegar a Pontevedra. Ya en la población de Salvaterra conoció a Emerenciana Fernández Gómez, con quien acabó casando. La boda se celebró un 23 de enero de 1919 en la iglesia de San Salvador de Lérez. Inicialmente se establecieron en el lugar de Torre (Camino Viejo), luego en la Fontaíña, donde vivieron menos de un año y volvieron de nuevo a la Torre, donde se asentaron definitivamente en la que hoy sería llamada Avenida Leandro del Río. En una casita (que hoy tiene el número 22) la pareja, ya medio estabilizada, comenzó a tener hijos. Su descendencia fue de un total de 8, a los que bautizaron con los nombres de Lucía, Celso, Nieves, Trinidad, Celia, Saladina, Otilia y Alfonso. Hombre alto, bien parecido y con un carácter pacífico, escondía un lado humano y comprensivo ante las situaciones difíciles de los demás. Con todo, y a pesar de ser humorista, solía ser serio y formal, enemigo de las falacias e incapaz de hacer mal a nadie. Su formación en los estudios fue muy escasa, y sus realizaciones y aun más los éxitos conseguidos se deben tanto a su decidida iniciativa personal, como a su inteligencia natural, el sentido práctico de la vida y una inspiración artística extraordinaria. Uno de los mayores logros de este hombre es que logró adaptarse a la lengua gallega con la perfección necesaria como para realizar su espectáculo de marionetas en Galicia, país que sin duda se convirtió en el suyo. Desde muy joven se sintió atraído por la farándula (la misma profesión que tenían sus padres) y actuó en las mejores fiestas y romerías de Galicia. El recorrido de Barriga Verde eran fiestas y romerías de toda Galicia (fiestas como el San Froilán de Lugo, la Ascensión de Santiago, la Peregrina de Pontevedra, María Pita de la Coruña y el Corpus de Orense, entre otras muchas), fundamentalmente en el verano. Emerenciana, la mujer de José, era el cerebro de la empresa. Ella se encargaba de gestionar los permisos, de acudir a las subastas de los puestos, de participar en la propaganda. Además se ocupaba de la contabilidad y cuando los hijos se fueron y los nietos no eran suficientes o no estaban disponibles, también se encargaba de buscar personal para el espectáculo que se contrataba normalmente por un verano. En cuanto a José, él se encargaba del espectáculo de humor. Con la gracia y el ingenio con que están concebidos los muñecos, sus diálogos, llenos de agudeza y la destreza con que son manejados, provocaban en el público la risa y la alegría. Pero además el espectáculo de Barriga Verde se preciaba de culto y moral tal y como rezaba en la cabecera de la barraca. Pues en aquellos tiempos la censura era un elemento condicionante de muchas actividades. Ahora bien, en efecto, José Silvent y sus hijos idearon un espectáculo en un tiempo (años cuarenta y cincuenta) en que la cultura gallega estaba proscrita, en donde las funciones de Barriga Verde no aparecían destapes ni canciones obscenas, ni palabras malsonantes en concordancia con los gustos oficiales de la época. Este hecho puede interpretarse como una concesión del régimen franquista a un espectáculo popular, sencillo y de contenido desenfadado que tenía cómo única misión divertir a los espectadores en una de las épocas de más dificultades de nuestra historia. Aquí, Silvent siempre demostró conseguir mayor interés y atención del auditorio, Barriga Verde incorporaba a los diálogos de los personajes elementos de actualidad y sucesos de tipo local, lo que significa que debía estar al corriente de las noticias importantes y de los acontecimientos próximos. Además presupone que las obras iban a variar de una localidad a otra en ciertos detalles más o menos puntuales. Pero la variación del contenido de los diálogos no se debe sólo a las noticias del momento, sino también la que José Silvent no escribía sus obras. Él creaba los personajes, los caracterizaba con la vestimenta y con la voz, imaginaba los movimientos y concebía los diálogos, pero todo quedaba en el su cerebro. Después, transmitía oralmente toda la composición a los colaboradores que con él iban a realizar el espectáculo Después de una vida entregada de lleno al espectáculo, José Silvent se retiró de la farándula y dejó sus marionetas. Ya tenía bastantes años, ya había divertido muchas generaciones. Corría el año 1964 y Manuel, el nieto que gradualmente había ido supliendo las carencias de José, tenía que entrar en el servicio militar obligatorio y Alfonso decidió no continuar con el teatro él sólo. Luego, Barriga Verde se convirtió en la resonancia de un tiempo lejano y perdido de un espectáculo singular, humorístico e imaginativo. Aunque José Silvent vivirá unos años como jubilado. En el año 1967 le dio una parálisis y en el 1970 fallece dejando tras de sí el recuerdo imborrable, la risa satisfecha, la alegría graciosa, su humanitarismo, su arte, su humor, su creatividad y el aplauso cerrado de un público que lo admiraba por su sencillez. En definitiva, un hombre que fue conocido bajo los apodos de Traga Estopa (en Lugo), Xosé o dos Monecos (en castellano, José el de los Muñecos) (Pontevedra), pero en toda Galicia como: Barriga Verde. Relevancia posterior En el 1968 Manuel María publicaba Barriga Verde, un texto teatral en el que recuperaba personajes y situaciones del espectáculo, sin que surgieran iniciativas para evitar el olvido de esta figura. Sin embargo, desde hace ya varios años, son cada vez más las voces que reclaman la recuperación y valoración de esta aventura única en la cultura de nuestro país. Silvent recibió un homenaje en Lérez , y una calle de nueva apertura recibió en 2006 su popular apodo como nombre. Esta calle está situada muy cerca de su casa, cerca del Teleclub de Lérez. El primer número de Bululú. A revista dos Títeres (en castellano, Bululú. La revista de los Títeres) dedicaba un amplio reportaje a Barriga Verde, y en octubre de 2001 homenajeó a Silvent en el marco del Festival Internacional de Títeres de Compostela. En julio del 2003 el Instituto Galego de Artes Escénicas e Musicais (en castellano, Instituto Gallego de Artes Escénicas y Musicales) (IGAEM) creaba el I Premio Internacional para Textos de Teatro de Títeres Barriga Verde. Y la memoria continúa con la Asociación Cultural Barriga Verde, que está trabajado en un proyecto para recuperar la barraca de Teatro y Melodías de España, modernizándola tecnológicamente, con la intención de mostrar la manera de trabajo tradicional de la familia Silvent. Un proyecto que cuenta con Alfonso, el hijo de José Silvent, para hacerse cargo de la dirección de la obra, aunque quedan aún pendientes muchas cuestiones para echar a andar el proyecto, que pretende llevar de nuevo por las plazas de villas y ciudades el nombre de Barriga Verde.
Actualmente en la casa donde nació, hay colocada una placa en recuerdo del pintor.
Bajo la inspiración y patronazgo de su amigo Juan Uña y otros “patronos-herederos”, la Fundación quedó instituida en 1908 según los principios fundamentales del krausismo, que inspirara la ILE, como se recogen en sus Estatutos fundacionales. Así podrían resumirse, utilizando una terminología actual, en los siguientes puntos: Espíritu de tolerancia religiosa y política, en la línea del armonicismo krausista (Artículo 2). Valoración de las actividades extra-escolares, particularmente de las excursiones pedagógicas y actividades al aire libre (Artículo 3). Importancia de la educación física, la psicomotricidad y la educación para la salud (Artículos 19, 20). Extensión de las actividades educativas al entorno del alumno: escuela de padres, clases de adultos, etc. (Artículos 3, 4, 5). Visión del maestro como guía espiritual y garante moral (Artículos 17, 18). Supresión del sistema de premios y castigos (Artículo 18). Libertad de cátedra, aunque respetando el “ideario” de la Fundación (Artículo 16). Formación permanente del profesorado (Artículo 23). Plena dedicación docente (Artículo 22). Autonomía educativa del Patronato frente a la Administración municipal o nacional. La actividad de esta Fundación estuvo vigente hasta el período franquista en el que el ideario integrista del nacional-catolicismo y las exigencias del nuevo Estado autoritario, chocaron claramente los principios educativos de libertad y laicismo de la Fundación docente santamartense. Las “escuelas laicas”, como se les llamaba en tono peyorativo, dejaron de funcionar, ocupadas durante años por el “Frente de Juventudes” en un clima de incuria que propició el despojo y la destrucción de sus bienes. Por fortuna el legado de la “Fundación Tercero Torres”, una de las huellas espirituales y materiales de la Institución Libre de Enseñanza en Extremadura, ha recuperado el pulso con los principios que sus fundadores le quisieron imprimir. Así en abril de 1991 se solicitaba hacer anotación en el Registro de Fundaciones Docentes y de Investigación del MEC (donde figura inscrita con el núm. BAD-12-2) de las modificaciones siguientes, que venían a marcar la normalización de las actividades de gobierno del Patronato: Ceses: Guillermo Uña Díez-Pedregal, por fallecimiento; Nombramientos: Francisco Sierra Molina, como Presidente, Bartolomé Gil Santa Cruz, como Vicepresidente; Fernando Pérez Marqués y Victoriano Torres Sanfélix, como Patronos suplentes, continuando en el ejercicio de su cargo de vocales, Antonio Covarsí González, José María Meleno Rodríguez y Manuel Santos Neila. Ha de añadirse que la reutilización como centro de cultura de la Fundación Tercero Torres de Santa Marta se ha debido, al esfuerzo de Francisco Sierra Molina y la dedicación hasta el final de sus días, de un maestro –nacido, por cierto, en el mismo pueblo de Joaquín Sama-, que supo transmitir a quienes lo conocieron el espíritu de tolerancia y probidad que había heredado de los hombres de aquella gran generación reformista; esto es Fernando Pérez Marqués, Hijo Adoptivo de Santa Marta.
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